miércoles, 19 de mayo de 2010

Pecado capital: Odio irracional

Salí como todas las noches a reconocer el terreno de aquella ciudad que había sido asolada por la llegada de aquella espantosa torre. No vi nada nuevo: solo destrucción y muerte. Cuando iba de camino al edificio más alto de la ciudad, como de costumbre, me percate de que algo me seguía, no eran esas criaturas pues la temperatura no había descendido. Me pare de golpe, fuese lo que fuese no tenía miedo, pero de pronto me vino a la cabeza el rostro de Abie, esa pequeñaja de ojos grises que había cambiado tanto desde que la recogí en casa abandonada. Ahora Abie ya casi andaba e intentaba decir sus primeras palabras. Intente huir de lo que me estuviese siguiendo, pero fue demasiado tarde.
Ese muchacho de nombre, Vergil, me sorprendió y descargo una estocada con su espada contra mi, yo a duras penas conseguí esquivar el golpe saque mi espada de su cinto y arremetí contra él. Nuestras espadas chocaron y Vergil me miro con una sonrisa socarrona dibujada en el rostro y casi sin inmutarse me dijo: "Ellen es muy guapa, una lastima que vaya a ..." - antes de que respondiese arremetí un placage contra él, conseguí desequilibrarlo, pareció sorprendido un segundo pero de pronto su semblante fue más oscuro y frío enarbolo su espada en el aire e intento alcanzarme pero no lo consiguió. Conseguí interceptar el golpe con mi espada salte hacía atrás y dije con un odio y una rabia irracional: "No te atrevas a tocarle un solo pelo o te matare con mis propias manos" - me abalancé sobre él dejandome llevar por ese odio y esa rabia nuestras espadas volvieron a chocar y resonaron en toda la calle. Lo alcancé en la cintura y cuando el vio que estaba sangrando dijo con una voz tan fría que parecía que no era de una persona: "Se acabaron los juegos" - me dio un puñetazo y me tiro al suelo, yo rodé sobre mi mismo para evitar la estocada, pero fue inútil me acertó en el hombro produciéndome un corte no demasiado profundo. Me levante todo lo rápido que pude nuestras espadas chocaron pero esta vez perdí el equilibrio quedando desprotegido enfrente de él. Vergil sabía que no se le iba a presentar una ocasión igual así que clavo su espada en mi vientre. Fue un dolor tan intenso que parecía que esa espada me quemaba por dentro. Noté como el filo de la espada desgarraba mi piel y mis órganos. intente gritar, pero no me salia la voz. Lo mire a los ojos, unos ojos que dejaban ver un odio tan irracional como el mio, y lo peor de todo es que yo no sabía porque. Vergil sonreía por ver que me había alcanzado, era una sonrisa extremadamente siniestra que me helaba la sangre.

Yo iba notando como los hilos de mis conciencia se iban desprendiendo de mi, poco a poco, todo cada vez se hacía más y más oscuro dedique mis últimos pensamientos a la pequeña Abie y a Ellen: "Lo siento... siento no haber podido defenderos, siento no haber podido estar con vosotras para siempre, siento haberos dejado solas, siento no haber podido cuidaros, lo siento Ellen, mi vida, lo siento Abie..." y caí al suelo justo antes de perder el conocimiento para siempre.

1 comentario:

  1. No puede morir! :( Ellen y Abie le necesitan... además, el mundo no será igual si él se va!
    Algunas frases me recuerdan a uno de mis libros favoritos! :)

    Un beso enorme! :)

    ResponderEliminar