jueves, 12 de agosto de 2010

Jack the Ripper Jr.(II)


“Siguen sin encontrar el asesino del joven Edward Stephenson, la policía está desconcertada con este asesinato…” – Dijo la reportera de la emisora británica. Ted apagó la radio y puso un disco de música y selecciono la canción número 4. Empezaron a sonar los acordes de ‘Stairway to heaven. Cuando acabó la canción llegó al cementerio, estaba a punto de asistir al funeral de su propia víctima y eso se le hacía raro. Había mucha gente que él no conocía, pero le daba igual, siempre había sido un chico reservado. El acto funerario terminó. “Ha sido más productivo de lo que esperaba, tendré que ponerme manos a la obra… Otra vez” – pensaba mientras se abría camino hacía su coche.




“Chris no te preocupes, como ya nos ha dicho la policía el asesino podría haber sido un ladrón, no tiene por qué haber sido él y aunque fuese él yo te protegería. Nos vemos ahora, te quiero…” – Chris colgó y dejo el móvil encima de la mesa, su novio Eric, siempre sabía cómo animarla. Se ducho y mientras se duchaba no podía dejar de pensar en los hechos que habían pasado un par de días atrás, la rosa blanca teñida de sangre, el cadáver de su amigo… eran demasiadas coincidencias. Se vistió y salió de su piso. En Londres empezaba a anochecer y hacía frio. Chris iba sola y andaba deprisa… le tenía miedo. De repente algo la hizo detenerse en seco. Había una rosa blanca en el suelo. – “Sera una casualidad, no te pongas paranoica” - pensó Chris. “No es ninguna casualidad” – murmuro alguien desde las sombras. Chris gritó y salió corriendo. “No podrás huir…” – Entonces una sombra se abalanzó desde las alturas hacía Chris y todo se volvió oscuro para ella…




Chris despertó. Todo estaba oscuro y le dolía la cabeza. Intento moverse pero vio que estaba amordazada y atada a una silla. Intento gritar pero fue en vano. Una luz iluminó toda la habitación parecía una especie de almacén. Chris volvió a gritar. “No te servirá de nada, no ves que estas amordazada” – Le dijo Ted al oído. Chris empezó a moverse desesperadamente mientras Ted se reía. “¿Sabes quién es Freddie Krueger?, Pues me encantan sus garras, yo también tengo unas” – Le puso las garras en la cara y con un movimiento rápido de los dedos le cortó un mechón de pelo. Se oyó un estruendo a lo lejos Ted sonrió y dijo – “Ya está aquí tu novio tranquila volveré pronto” – Y se alejo en dirección al estruendo. Minutos después aparecía Eric para la sorpresa de Chris. “Chris, cariño no te preocupes ya estoy aquí, ¿Dónde está ese hijo de puta?” – mientras decía esto Ted se puso detrás de Eric con una media sonrisa dibujada en la cara. Ted alzó la mano donde tenía las garras y las introdujo en la nuca de Eric. Chris empezó a llorar y a convulsionar. “No sabes que no es de caballeros insultar, ya no volverás a hacerlo”– Decía Ted mientras sacaba las garras del cráneo del cuerpo inerte, sin vida, de Eric. “Bien Chris empecemos contigo” – Ted se acerco a un tocadiscos y dijo: “Vamos a poner algo de música” – y volvió a sonreír con esa media sonrisa, tan sumamente sombría. Resonaron por toda la sala las primeras notas de ‘Fire’ de Jimmi Hendrix. “Me encanta Jimmi, ¿a ti no?” – Decía mientras se acercaba a Chris que aún no había parado de llorar. Cuando se situó a su lado Ted le dijo al oído: “Empecemos”. Ted con sus garras empezó a cortarle por todo el cuerpo. No sé detuvo hasta ver el cuerpo de Chris cubierto de sangre. Ted sabía que seguía viva. “Mi querida Chris, ¿Te duele?, no pasa nada se te pasara rápido” – dijo Ted riéndose – “sé que te gusta que la gente sufra, lo sé. Por eso he grabado todo esto y lo vas a ir viendo antes de morir” – Ted la puso frente a una pantalla y con una garra le dio al botón de play. Todo empezó otra vez para Chris. Y tan rápido como empezó... acabó.

lunes, 2 de agosto de 2010

Despedidas

Solo en la agonía de despedirnos somos capaces de comprender la profundidad de nuestro amor...

Iba sentado en el coche cuando escuché a mi sobrina reírse, miré hacia atrás y la vi sonriendo junto a su madre y su fabulosa y extraordinaria tía. No pude evitarlo yo también tuve que reírme. Fije mi vista otra vez en la carretera, entonces, empezó una lucha interna que todavía se está librando en mi mente. Los contrincantes; la profunda pena que me invadía al recordar que el verano me obliga a separarme de mi gran amor, y, el intento de ocultar ese sentimiento bajo una capa de falso optimismo para que ambos nos divirtiésemos y el tiempo pase más deprisa. Volví en mi ya casi habíamos llegado a mi destino y cada metro que avanzábamos me hacía un poco más de daño, ya que cada metro acercaba nuestra despedida.


Finalmente llegamos. Me bajé del coche y ella hizo lo mismo que yo. La mire y vi como un par de lágrimas se derramaban por sus mejillas. La abracé y le dije al oído: no dudes que al mirar hacía tu interior, me podrás hallar, no llores más por mí, siempre estaré junto a ti. Ella me abrazó aún con más fuerzas. Sentí como nuestra relación se estrechaba junto a ese abrazo, fue algo mágico. Nos separamos le di un beso y ella volvió a meterse dentro del coche. Alcé la mano en señal de despedida y unas pequeñas lágrimas se desbordaron por mis mejillas. “Te echaré de menos” – susurré mientras veía como se alejaba con el coche y yo permanecía quieto con lágrimas en los ojos, deseando que aquel verano pasase pronto.